Columnista holandesa: el Bitcoin desestabiliza la economía y socava los bancos

Una columnista holandesa fue criticado por instar a los lectores a vender sus bitcoins porque son “peligrosos”. En un artículo de opinión de distribución masiva, el escritor afirma que “bitcrash” es peligroso porque no tiene una institución financiera para monitorearlo y es una amenaza para la economía. El artículo ha provocado un intenso debate sobre si se trata de una sátira o simplemente el último caso de alarmismo sobre el Bitcoin.

bitcoin

La culpa es del Bitcoin

De acuerdo con la ley de Poe, es imposible decir, sin la intención del autor claramente expresada, si una obra es una parodia o una expresión abierta y sincera de las opiniones de su creador. Este adagio ciertamente se aplica a “Bitcrash, o por qué debería vender bitcoins ahora” por Sandra Phlippen, economista jefe del sitio de noticias AD.nl de Holland. En una columna muy negativa, señaló al Bitcoin por una serie de situaciones negativas, incluidas las ya habituales aluciones sobre el lavado de dinero y la evasión de impuestos. La economista también incluye el último argumento de ataque que ha venido siendo usado por la brigada antitbitcoin: el alto consumo de energía, al hablar de “poder informático perjudicial para el medio ambiente” (y sin mencionar el hecho de que la industria bancaria consume mucha más electricidad).

Una gran cantidad de columnas similares salen a la luz semanalmente en la actualidad, comparando el consumo de energía de Bitcoin con el de un país entero. Aparte de que estas cifras son exageradas, a los escritores sobre la minería bitcoin les falta mencionar un punto. El valor de tener una moneda completamente descentralizada que sea independiente de la intromisión gubernamental no puede exagerarse. Como bitcoin.co.cr señaló recientemente, “El Bitcoin … agrega un valor medible, proporcionando una realidad verificable a cambio de energía electrica, un precio que vale la pena pagar por los millones que usan la moneda digital”.

No estoy seguro si es una opinión seria o una sátira

Phlippen termina su sermon al criticar a las ICO, donde los inversores no compran nada más que “aire caliente”. Si bien existen críticas válidas que se pueden formular contra las ICO, y de hecho contra el bitcoin en su conjunto, las diatribas de los supuestos expertos en economía hacen poco para avanzar en el debate. Si Phlippen está solamente bromeando, busca ser lo suficientemente sutil como para engañar a muchos de sus lectores, especialmente aquellos que no están familiarizados con el Bitcoin y pueden ser disuadidos de seguir investigando.

Los rumores mal infundados por los medios de comunicación no son nada nuevo, y los entusiastas de Bitcoin los han estado ignorando sin problemas durante años. Algunas publicaciones generan una buena cobertura sobre el tema Bitcoin, mientras que otras lo intentan o lo logran en parte, lo que varía mucho según el escritor. El domingo, por ejemplo, The Guardian afirmó que era posible para los mineros bitcoin invertir “grandes cantidades de energía y tiempo sin obtener nada a cambio”. Aparentemente, la minería requiere “computadores de gran potencia y conocimientos sobre descifrado de códigos”, lo que no es 100% correcto.

A menudo hay un núcleo de verdad en estos artículos, pero los distorsionan para poder culpar al Bitcoin. En las últimas 24 horas, los medios británicos han publicado varias historias sobre los traficantes de drogas que usan cajeros automáticos de bitcoin para lavar dinero en efectivo. Ellos advierten:
“Los detectives dicen que han visto un gran incremento en el uso de la moneda digital por parte de delincuentes que se pasean por cafés, quioscos de prensa y tiendas de la esquina para deshacerse de sus ganancias obtenidas en cajeros automáticos de moneda virtual”.

Dichos informes pasan por alto el hecho de que el crimen real -la compra de drogas ilegales- se ha llevado a cabo íntegramente en las moneda fiduciaria. En un medio inundado de noticias exageradas, falsas y pseudo-sátiras, las publicaciones objetivas sobre el Bitcoin se están volviendo tan limitados como las propias monedas.